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Premios Ig-Nobel

Tema en 'OFF TOPIC' iniciado por Carbonboy, 3 Jul 2004.

  1. Carbonboy

    Carbonboy CarbonÃssimo!! Moderador ForoMTB

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    Harto conocida es la historia de los Premios Nobel, instituidos por el inventor e industrial sueco Alfred Nobel (1833/1896), que en la segunda mitad del siglo 19 acumuló una de las mayores fortunas de Europa con su invención de explosivos y con su método de destilación continua del petróleo. Poco antes de su muerte, incluyó en su testamento una manda disponiendo que los intereses de su fortuna, estimada en unos 30 millones de coronas suecas, se distribuyan anualmente entre cinco personalidades de las ciencias y la literatura (las categorías premiables y el monto individual de los premios han crecido con los años y llega a seis, en un caso, y supera el millón de dólares, en otro). Su concesión suele ser inobjetable, pero no faltan ácidas polémicas, sobre todo en Literatura, por el errático criterio que parece dominar a los académicos suecos.

    Por caso, otorgaron el Nobel a ilustres olvidados, como Pontopidan, Laxness, Grazia Deledda, Sillampää, Karfeldt, y no lo recibieron genios inolvidables, como Joyce, Proust, Kafka o, faltaba más, nuestro Borges.

    El Premio Nobel ha inspirado, además, otro premio que tiene el raro privilegio de no provocar polémicas, porque sus elecciones son incuestionables por lo acertadas. La singular distinción se llama IgNobel (que en inglés suena como innoble), y ha sido creada por la revista humorística-científica Annals of Improbable Research (AIR) en forma conjunta con la Harvard Computer Society, la Harvard-Radcliffe Science-Fiction Association y la Harvard-Radcliffe Society of Physics Students, de la Universidad de Harvard (naturalmente).

    No sólo carece de gratificación en metálico sino que quienes son distinguidos con el IgNobel deben pagar sus gastos de traslado desde donde viven y trabajan, así sea en el otro extremo del planeta, hasta Harvard, donde recibirán el IgNobel. Difícilmente un premiado falte a la cita. Cada 12 meses, 1200 espectadores se reúnen en el magnífico Sanders Theatre para asistir a la solemne ceremonia de entrega de los premios, que son discernidos luego de un rigurosísimo proceso de selección y evaluación, a diferencia de los Nobel de Literatura y de la Paz, que casi siempre parecen concedidos tras una dilatada noche polar de vinos, mujeres y cantos. Es altamente improbable que el palmarés de Harvard se convierta en vórtice de un torbellino de polémicas.

    Las categorías premiadas superan a las del Nobel: son 10. Desde su primera entrega, en 1991, estos premios se han transformado en uno de los acontecimientos más esperados por el mundo de la ciencia y la técnica. Una entrada para el Sanders es tanto o más ambicionada que una invitación a la entrega de los Oscar o del mismísimo Premio Nobel. Los trabajos distinguidos son siempre un fabuloso despliegue de inventiva y delirio, y suelen frecuentar las arduas alturas del humorismo más exquisito (hazaña que algunos inventores e investigadores suelen lograr sin proponérselo, desde luego). Probablemente, el más brillante de todos los premiados desde 1991 a la fecha sea el australiano John Keogh, quien luego de una formidable investigación descubrió un enorme vacío en los registros de patentes e inscribió a su nombre... la invención de la rueda (número de registro: 2001100012). La Oficina Nacional de Patentes de Australia compartió el premio. Nada más justo.

    En 1991, el año inaugural de los IgNobel, otro galardón indiscutido correspondió a Josiah Carberry, de la Brown University, por su estudio de la influencia de los vasos rotos en el campo de la biocerámica. En 1992, los japoneses F. Kanda, E. Yagi, M. Fukuda, K. Nakajima, T. Ohta y O. Nakata, (Shisedo Research Center, Yokohama), fueron los incuestionados héroes de la premiación por su trabajo “Elucidación sobre los componentes químicos responsables del mal olor de los pies”. Según los sagaces bioquímicos, las personas que creen tener pies malolientes verdaderamente los tienen, y quienes piensan que no tienen pies malolientes verdaderamente no los tienen.

    El año 1993 fue especialmente rico en grandes avances en la ciencia, la técnica y la medicina. En Tecnología, el IgNobel fue compartido por Jay Schiffman (Farminton Hills, Michigan), inventor del “AutoVision”, un proyector que permite conducir un automóvil y ver un programa de televisión al mismo tiempo, y la Legislatura de Michigan por haber legalizado esa disparate letal. En Matemáticas, Robert Faid (Greenville, Carolina del Sur) se alzó con el premio por haber determinado exactamente que existía una posibilidad sobre 8.606.091.751.882 de que Mijail Gorbachov fuese el Anticristo. Y en Medicina, los severos científicos James F. Nolan, Thomas J. Stillwell y John P. Sands Jr merecieron la distinción por su rigurosa investigación acerca de cuánto dolor puede soportar el hombre si su pene queda atrapado por el cierre relámpago de la bragueta. (Terrible omisión: el estudio no aclara si se trata de cierre relámpago de bragueta de pantalón unisex, lo que permitiría matizar si el miembro quedó atrapado por descuido de su legítimo poseedor o por voluntad ajena, que nunca se sabe).

    En 1994, la Iglesia Bautista de Alabama fue honrada en Matemáticas por haber desarrollado un sistema de evaluación de la moralidad que pronostica cuántos ciudadanos de Alabama se asarán en el infierno si no se arrepienten de sus inmundos pecados, mientras que en Física el galardón correspondió al Servicio Meteorológico del Japón, por sus siete años de estudios destinados a establecer la relación que pudiera existir entre los terremotos y los maremotos y los movimientos de la cola del pez-gato.

    En 1995, John Martínez, de la J. Martínez Company (Atlanta, USA), ganó el IgNobel en Nutrición por su Luak Coffee, el café más caro del mundo, elaborado con excrementos de luak, un felino de Indonesia alimentado con café. Los IgNobel de 1996 se concedieron en Física a Robert Matthews (Aston University, Inglaterra), cuyos estudios sobre las Leyes de Murphy, demostraron estadísticamente que la tostada enmantecada cae al suelo casi siempre del lado de la manteca. En Química, George Goble (Purdue University, Estados Unidos) lo ganó por haber verificado que utilizando oxígeno líquido se puede encender el fuego de una barbacoa en sólo tres segundos. Al parecer, la Meteorología es campo fertilísimo para el desvarío, porque en 1997 Bernard Vonnegut (Albany University) recibió el suyo por su investigación sobre “El desplume de los pollos como unidad de medición de la velocidad del tornado”, y en Economía, Akihiro Yokoi y Aki Maita, ambos del Japón, merecieron el reconocimiento por su invención del olvidable Tamagotchi, “que transformó a millones de personas en baby-sitter de pulgas virtuales”.

    En 1998, Jerald Bain, del Mt. Sinai Hospital (Toronto), y Kerry Siminoski, Universidad de Alberta (ambos de Canadá), fueron consagrados en Estadística por sus prolijas tablas proporcionales que hacen posible deducir el tamaño del pene por el peso, la estatura y el número del calzado del individuo, y Troy Hurtubise (de North Bay, Ontario, Canadá) obtuvo la distinción en Ingeniería por haber diseñado y construido a lo largo de más de 20 años y luego probado personalmente una armadura capaz de resistir el ataque de los osos pardos. En l999, fue consagrado el método elaborado por Len Fisher (Sydney, Australia) para mojar perfectamente el bizcocho en el café con leche sin manchar ni el mantel ni el puño de la camisa, y en 2000 recibió el premio Chris Niswander (Tucson, Arizona), por su invención del PawSense, un software que hace posible controlar si un gato ha caminado sobre el teclado de una computadora. En cuanto al IgNobel de la Paz fue merecidamente ganado por Charl Fourie y Michelle Wong (Johannesburgo, Sudáfrica), por su invención de un mecanismo contra el robo de automóviles, basado en un sensor que activa un lanzallamas.

    En 2001, fue recompensada en Medicina una sesuda investigación sobre “Las heridas producidas en la cabeza por la caída de cocos” (Peter Barss, McGill University); en Biología fue inmortalmente honrado Buck Weimer (de Pueblo, Colorado), quien colmó las aspiraciones más profundas de la humanidad desde que se establecieron los códigos de los buenos modales: inventó los “Under-easies”, calzoncillos y bombachas herméticas con filtros de carbón activado que disimulan el olor del pedo (en verdad, es probable que aspiraciones no sea un sustantivo demasiado oportuno). Y en Salud Pública se llevó los laureles una investigación estadística que demuestra que el hábito de meterse el dedo en la nariz es más frecuente en la adolescencia que en la niñez, adultez y la ancianidad (Chittaranjan Andrade y B.S. Srihari, Instituto de Salud Mental y Neuroconciencia de Bangalore, India).

    ¿Avalados por una publicación?

    El asombroso palmarés del IgNobel incluye varias otras investigaciones imperdibles, sobre todo en Medicina, que parece poseer una fantástica capacidad para inspirar dislates. Por ejemplo, fue premiado el estudio publicado en la gloriosa y británicamente mesurada The Lancet por los médicos Caroline Mills, Meirion Llewelyn, David Kelly y Peter Holt, del Royal Gwent Hospital (Newport, Gales), acerca de “Un hombre que se pinchó en los dedos y que olieron a podrido durante cinco años”. Bien de la especie humana merecieron Willibrord Weijmar Schultz, Pek van Andel, y Eduard Mooyaart (Groningen) e Ida Sabelis (Amsterdam, Holanda), por su cálido trabajo: “Imágenes de resonancia magnética de los genitales del hombre y la mujer durante el coito y la estimulación sexual femenina”, publicado en 1999 por el venerable British Medical Journal.

    En cambio, difícilmente los varones podamos felicitar por su premio a Takeshi Makino, de la Agencia de Detectives Seguridad de Osaka, Japón, que inventó el S-Check. ¿Por qué los varones del mundo no podemos felicitar al honolable Makino? Por el makinazo que se mandó. Porque el S-Check es un espray ideal para mujeres celosas: les basta con rociarlo en los calzoncillos del esposo: si éste se propinó un encuentro cercano del mejor tipo extraconyugal, instantáneamente el rastro invisible de semen se colorea de verde flúo, y el rostro del marido infiel asume instantáneamente la blanca palidez que sigue al pedido de explicaciones y que precede a la recepción en la cabeza del primer sartenazo.

    Advertencia severa para quienes gustan de las emociones fuertes... pero solitarias, es la que ha formulado la prolija investigación realizada por Ellen Kleist (Nuuk, Groenlandia) y Harald Moi (Oslo, Noruega) sobre “Transmisión de la gonorrea a través de una muñeca inflable” (1993). Mientras que el doctor Arvid Vatle (Stord, Noruega) mereció largamente el IgNobel por la pasmosa erudición, no ya escandinava sino teutónica, que demostró al clasificar por volumen, forma y materiales varios millares de recipientes utilizados por los pacientes para llevar sus muestras de orina a los laboratorios (1999).

    Pronósticos

    Para este año, un equipo de psicólogos y neurólogos de la Universidad de Bochum (Alemania) tiene grandes posibilidades de alzarse con el IgNobel, porque el 29 de abril último anunció su fantástico descubrimiento: durante el período de menstruación las mujeres tienen más dificultades que las habituales para estacionar el automóvil. O sea que en vez de dejar el vehículo a un metro del cordón de la vereda pueden tirarlo a dos y dejarlo cruzado, para deleite de los hombres al volante.

    Según los sesudos investigadores teutónicos, las diferencias de percepción espacial existentes entre hombres y mujeres se deben fundamentalmente al mayor o menor flujo de hormonas sexuales en la sangre. Agregan que durante la menstruación, cuando están en su nivel más bajo de hormonas femeninas, “las mujeres alcanzan los mismos promedios que los hombres”. Es una conclusión ampliamente satisfactoria para el ego viril, porque esos germanos han establecido científicamente que entre los días 14 y 28 del ciclo menstrual, o sea cuando circula en la sangre de las mujeres el mayor número de hormonas sexuales femeninas, su rendimiento “desciende dramáticamente”, lo que equivale a decir: a mayor femineidad, mayor riesgo en las calles. Claro que esto sólo se relaciona cuando ellas esgrimen su arma de destrucción masiva, es decir, el automóvil.

    Otros serios aspirantes a la noble distinción este año son los estudiantes de Física Aplicada de la Universidad de Leeds (Inglaterra), que han descubierto la fórmula matemática perfecta para dar vuelta en el aire al panqueque antes de hacerlo aterrizar en la sartén. The Guardian informó en su edición del 7 de marzo último que los promisorios matemáticos han logrado desarrollar la fórmula que establece que la velocidad angular a la que el panqueque sale disparado desde la sartén es igual a la raíz cuadrada del producto de pi (es decir, 3,1416) por la gravedad, dividido por 4r, donde r es la distancia entre el codo del cocinero y el centro del panqueque. Pero no todo está dicho, porque los sesudos investigadores realizaron todos sus experimentos, que fueron financiados por una cadena de supermercados, con un panqueque de cartón. Queda por verse si la fórmula funciona con una tortilla de verdad. The Guardian no ha podido contener su tradicional sentido del humor al reflexionar: “Las perspectivas de que haya más suelos de cocina cubiertos con pasta pegajosa han aumentado enormemente gracias a la sabia asociación entre los estudiantes de Física y una cadena de supermercados”. Inmunes al escepticismo y la ironía, los jóvenes investigadores se han lanzado a una empresa aun más difícil: construir una máquina que haga dar vueltas en el aire a los panqueques aplicando la fórmula por ellos descubierta.

    Innecesario es recordar que los trabajos premiados fueron financiadas por universidades, organismos gubernamentales y no gubernamentales, fundaciones y corporaciones, y realizadas con la augusta majestad y seriedad que imponen la ciencia y la técnica para sus rigurosos protocolos de investigación.
     
  2. Gingru

    Gingru Gingriiiiiiiiiii

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    En un lugar de la mancha, de cuyo nombre no quiero
    Q BUENO!!!!!

    me lo he leido entero (me ha llevado un tiempo jejeje), pero es MUY bueno...

    :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen:
     
  3. Joclega

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    QUE WENOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO


    :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen: :wink: :wink: :wink:
     
  4. luiso_campeon

    luiso_campeon Miembro

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    un poco tostoncete...
     
  5. Nikto

    Nikto Pingu-Glober

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    es que el mundo esta loco, loco loco :p :lol:
     

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