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El placer del dolor

Tema en 'General' iniciado por SeVeRiKo, 16 Oct 2006.

  1. SeVeRiKo

    SeVeRiKo ChiquitiBOOOOM!!!

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    Tranquilos que no es el titulo de ninguna pelicula no apta para niños. Lo que ocurre es que a raiz del post de jkntos me he acordado de una composicion (redaccion) que hice en marzo pasado tras la Inmortal y coincidiendo con el concurso literario de mi instituto. Y mas o menos trata ese tema de una forma un tanto exagerada y poetica,pero es lo que sentia. Lo intente aubir como documento de texto,pero tendre que copialo en el mismo post porque no me deja.
    Por cierto,igual habeis leido un texto que hay por internet que se asemeja a una parte de mi redaccion,pero es que me encanto tanto ese texto que casi me lo sabia de memoria y en una momento de bloqueo eche mano de memoria (escribi cosas parecidas a las que me acordaba,ya que el texto aquel era corto y ademas lo habia perdido hacia ya tiempo).Pero espero que seais capaces de perdonarmelo ya que solo tengo 17 años.
    Un saludo

    A mí siempre me han dicho que el dolor, al igual que el fuego, purifica. Eso es algo que yo veía como un problema psicológico de unos cuantos a los que vulgarmente denominamos por masocas. Pero esos que miran con recelo hacia esa "macabra" afirmación no es mas que gente insatisfecha, superficial, que no sabe o no quiere ver mas allá de esa expresión vana, en definitiva, gente absorbida por esta feroz sociedad, en la que los medios de masas y el consumismo nos han hecho emanciparnos de la realidad profunda, perdiendo la curiosidad natural e instintiva de querer saber mas allá de lo que a esos dominadores les interesa. No es que yo quiera hacer una critica ni quiera culpar de todo a esta vorágine en la que ha desembarcado esta sociedad, si no que solo quiero expresar eso que para mucha gente puede ser insignificante o incluso sórdido, pero, sinceramente, eso me es indiferente ya que no hay mayor satisfacción que la personal ni mayor trofeo que la superación a uno mismo.
    Hay pocos inventos mas sencillos y revolucionarios como la bicicleta, con una estructura simple pero con un desarrollo tecnológico impresionante, que desde el s. XIX esta funcionando y que yo descubrí realmente a fondo hace dos años. Fue, como toda relación amorosa, por pura coincidencia que yo la conocí verdaderamente y desde entonces ha sido mi fiel compañera de penuria y gloria, de trabajo y constancia, de alegrías bañadas en lagrimas, de momentos aparentemente insignificantes. Este objeto producto de mi respeto y ambición me ha dado las mayores satisfacciones de mi vida, ese placer que se experimenta al superarte a ti mismo, tus propias metas, a luchar contra tus capacidades a fuerza de tesón y esfuerzo por conseguir ese objetivo inocuo para el resto de mortales pero que, actualmente, para mi dan un sentido completo a la vida.
    Tras seis horas sumido en una completa fusión con ese sencillo objeto, destino de mi devoción, durante las cuales no he sentido mas que dolor, sufrimiento y extenuación. La salida se había producido a las 9.30 de la mañana y desde entonces yo no había hecho mas que llevar a mi organismo al límite, buscando conseguir la superación personal, desafiando a todo lo natural y establecido, intentando aprovechar al máximo cada uno de los bombeos que hace mi corazón cuando se ritmo no ha bajado de los 180 movimientos por minuto. He estado seis horas bajo un sol de justicia que parecía querer impedirme conseguir mi reto, por no hablar de Eolo, cuya furia nos azoto a los 850 valientes desde el primer kilómetro, con rachas que te hacían desafiar la Ley de la Gravedad sobre esas dos ruedas de apenas dos pulgadas.
    Una vez inmerso en esa espiral, que se desarrolla por tierras manchegas, has de pasar por variados estados anímicos: desde la euforia del inicio, en el que no eres mas que un inconsciente mas por atreverte a asumir ese reto, hasta la culminación final. Entre esas dos sensación se intercalan múltiples pensamientos, ya que seis horas dan para mucho divagar. Desde la confianza y el sentimiento de fortaleza que te embriaga en los primeros repechos de la prueba, mientras adelantas a la gente. Después continuas con la sensación de desasosiego al levantar la cabeza en la zona mas dura del puerto, mientras tu expresión esta desencajada, una nausea te sobrecoge como una marea negra, el fuego arde en los pulmones y en todos y cada uno de mis músculos, el corazón palpita desesperado contra mi pecho, con la inquieta fuerza y vigor de la bestia que quiere escapar de su jaula. Mientras mi visión se torna borrosa y desenfocada y mi mente no hace mas que usar todos estos estímulos, mientras estamos en el Km. 25, para hacerme entrar en razón, intentando que cese en mi empeño. Pero una vez llegas arriba tras media hora rozando tu limite aconsejado de pulsaciones, sabiendo que lo mas duro paso pero que no has completado ni el 40% de la prueba. Pero tu, sin mas, aprietas los dientes y afrontas el descenso con ansias de avanzar cada puesto como si fuera una victoria única. La prueba se alarga, te sientes solo, ya no hay palabras de consuelo que consigan acallar esos gritos ahogados pero presentes que claman tu retirada. El apoyo recibido por los demás compañeros, que no están mucho mejor que tu, se apagan mientras tu dices, con un hilo de voz, unas gracias que no son mas que una muestra de educación.
    Las seis horas están casi cumplidas, tu cuentakilómetros marca 93 kilómetros y eso significa que tan solo quedan 2km,2000metros para acabar ese calvario. Sin embargo, después de pensar que tus fuerzas ya estaban completamente acabadas, aun eres capaz de apretar los dientes y afrontar esos últimos 2 kilómetros como si fueran los únicos. Vas rodando junto a cinco insensatos más. Se respira un silencio tenso. Todos sabemos que no tenemos nada que hacer, el primer clasificado hace 2 horas que acabo, y que solo quedamos algunos aficionados intentado acabar ese desafío. Pero eso no importa, todos nos vigilamos mientras divisamos a lo lejos el pueblo que acogía esta martirizante prueba, el campanario de Caudete asomaba, y nos crecíamos en nuestro ímpetu competitivo. Ahora ya no valen las excusas, no sirven los problemas antes acaecidos, ya no hay dolor que frustre nuestro afán, todo lo anterior ya es pasado, ya no cabe la posibilidad de redención, no eres capaz de divagar, tu mente esta inmersa en esa lucha psicológica mientras continuas pedaleando a un ritmo frenético sabiendo que estas muy cerca de tu objetivo.
    En un momento en el que todos estábamos más pendientes de lo que hacia nuestro camarada aventurero que de lo que se encontraba en nuestro campo visual, se abrió paso, entre nuestra enfermiza obsesión de ser mas rápido, la línea de meta. Eran tan solo 500 metros. Todos esprintamos en seguida, en busca de nuestra compensación. Todos nos habíamos sumergido en esa espiral imparable, de la cual la única puerta abierta era la de cruzar la meta pero con la cruel condición de hacerlo delante de tus cinco compañeros de batallas. No es cuestión de trofeos ni de reconocimiento público, es más el pundonor, el orgullo, ese ego ávido de satisfacción, ese sentimiento de superioridad deportiva y caballerosa.
    Los cinco valientes nos encontrábamos abstraídos en ese esprint que marcaría la atroz y natural diferencia entre la gloria y el fracaso. Todos levantados sobre la bici, impulsando con más rabia, contenida con el paso de los kilómetros, que energías esos 12 kilos de aluminio y carbono que habían de cruzar esa línea de meta delante del resto. Mientras todos, en paralelo, agotábamos las reservas de energía, nos mirábamos de reojo, desafiantes, pendencieros, frente a aquellos colegas que, por unos pequeños segundos, pasaron a tener el mismo respeto que mi más longevo rival. Ese esprint final es la culminación de todos el sufrimiento anterior, por ello es el último de los padecimientos y no por ello menos intenso, sino todo lo contrario. En ese preciso instante en que mi cerebro es incapaz de generar un pensamiento ajeno a esa situación concreta, mi sistema nervioso se encuentra al borde el colapso. Mi cara carece de expresión alguna, se encuentra aturdida; siento como cada bocanada de aire se hace insuficiente, sintiendo el aire caliente, carente de oxígeno que pueda saciar a mis músculos; éstos me ofrecen la más voraz de sus caras, cual bestia salvaje encadenada deseosa de huir hacia la paz y la tranquilidad, lejos de este sufrimiento; mi corazón se encuentra al borde del síncope, mis ojos prefieren no acercar la mirada hacia el pulsómetro por miedo a las cifras que éste puede marcar; además de todo, la mirada perdida hacia la línea de meta.
    Cada uno de nosotros intentaba arañar metros a sus rivales pero sólo uno podía llevarse la gloria, la gente que se encontraba en el línea de meta aplaudía. Sin embargo, se encontraban asombrados, ya que está fuera de la razón de cualquier ser humano, a excepción de nosotros seis, que a las dos horas de haber acabado el primer clasificado lleguen seis valientes esprintando, buscando algo incomprensible para alguien que no ha vivido algo similar.
    Al cruzar la línea de meta algo mágico pasó, en ese instante ocurrió algo que se escapa al entendimiento pero que me hizo sentirme realizado. Estoy convencido de que cuando alcance ese punto culminante del máximo sufrimiento y de insoportable esfuerzo algo diferente ocurrió. La magnífica belleza que me rodeaba, la gente que se concentra en la meta, todo lo pasado anteriormente e incluso mis paridas mentales, todo se desvanece y pierde forma. Se arremolina y es engullido por un vértice voraz que desemboca en un ínfimo punto de incomprensible calma, en un pequeño oasis que se mece marginado en medio del caos y la vorágine social.
    Con todo esto, creo que, en el fondo, todos buscamos redención y tenemos nuestra propia manera de conseguirla. La mía es sufriendo sobre la bici. Paradójicamente, y con cierta ironía macabra, la duración de tu tiempo de visita a este recinto oculto de tu conciencia es directamente proporcional a lo bien entrenado que estés. O sea, que cuanto mas sacrificio y empeño hayas puesto en tu progresión física y mental, cuanto más dolor hayas experimentado, más tiempo podrás estar allí, meciéndote en ese concreto, abstracto y efímero momento que puede, incluso, que refleje la propia esencia impermanente de nuestra existencia.
     
  2. jkntos

    jkntos me gusta el plasticorro

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    y como quedaste en el concurso literario? me parece que no está nada mal para tener 17 años. Al menos da gusto leer algo con muy pocas faltas de ortografía, además de con un uso correcto de los signos de pntuación. Que aunque quizá no debería ser para darte la enhorabuena, porque debería ser lo normal, en estos tiempos de escribir tipo sms, se agradece leer cosas bien escritas gramaticamente

    Enhorabuena por tu texto, me ha gustado bastante
     
  3. SeVeRiKo

    SeVeRiKo ChiquitiBOOOOM!!!

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    Pues gracias jkntos,lo cierto es que queda un pelin pesado porque es algo largo y en algunos momentos demasiado denso,pero creo que con ello se consigue expresar mucho mejor la intensidad del momento relatado.
    El concurso....:whistle No lo presente porque en un principio no me gusto como quedaba:cabezazo :cabezazo :cabezazo Pero luego lo modifique un poco (muy poco) y al enseñarselo a la profesora casi me corta los huevos...:alloreto :badair
    Cosas de la inseguridad....:ups

    gracias

    Dew
     
  4. serpal

    serpal Moderador Ciclismo Crta. Moderador ForoMTB

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    Excelente crónica y mas aun viniendo de un tío de 17 años ya que ultimamente es dificil encontrar alguien de esa edad capaz de escribir tres frases seguidas con un poco de coherencia y sin usar lenguaje SMS. Sigue así
     

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